“Si vis pacem, para bellum”: la Nación en Armas como estrategia de Defensa Nacional

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La máxima latina “si vis pacem, para bellum” (si quieres la paz, prepárate para la guerra) contiene una idea que atravesó siglos y civilizaciones: la paz no se sostiene por sí sola, sino que requiere de la capacidad material y moral para disuadir a quien pretenda quebrantarla. La disuasión, en este sentido, no es una apuesta a la confrontación, sino una estrategia de preservación: quien está preparado para defenderse, reduce las probabilidades de ser atacado. Esta concepción, que subyace en la doctrina de la “Nación en Armas”, alcanzó su formulación moderna en el pensamiento militar prusiano del siglo XIX y encontró en Argentina una adaptación que no llegó a institucionalizarse como política de Estado sostenida en el tiempo.

El prusiano Colmar von der Goltz, en su célebre obra Das Volk in Waffen (1883), sentó las bases de la doctrina de la “Nación en Armas”, concibiendo la guerra moderna como un fenómeno social total que involucra a todos los recursos de un Estado: humanos, económicos, industriales y morales, y no únicamente a sus ejércitos profesionales. La victoria, bajo esta concepción, dependía de la capacidad de la nación para organizarse integralmente en función del conflicto.

La doctrina de la “Nación en Armas” no se limita a la movilización militar, sino que postula una participación integral de la población en el esfuerzo bélico. Cada ciudadano, desde su rol como soldado, operario, agricultor o administrador, se convierte en un engranaje de una maquinaria colectiva, donde la producción industrial y de alimentos adquiere una importancia equiparable a la del propio Ejército. Esta concepción exige además, una preparación sostenida en el tiempo, ya que la capacidad de movilizar y sostener a las Fuerzas Armadas, a través de un territorio extenso, depende de elementos logísticos que no pueden improvisarse. La guerra, en definitiva, se concibe como un fenómeno social total que requiere años de planificación y una coordinación estatal que articule todos los recursos de la Nación.

A la izquierda el General Colmar von der Goltz, y a la derecha el General Alexander von Kluck.
A la izquierda el General Colmar von der Goltz, y a la derecha el General Alexander von Kluck. Créditos: Ullstein Bild vía Getty Images.

El caso argentino

Esta doctrina fue incorporada de forma notoria por el Ejército Argentino (EA) dentro de la formación de los cuadros militares a fines del siglo XIX, evidenciándose en figuras del intelectualismo militar como Roca, Ricchieri, Mosconi, Savio, Perón e incluso en cierta medida en el Almirante Storni. Dicha doctrina fue formalmente adaptada al contexto e idiosincrasia argentina durante la conferencia inaugural de la Cátedra de Defensa Nacional en la Universidad Nacional de La Plata en 1944, brindada por el entonces Ministro de Guerra, Juan Domingo Perón.

Esta adaptación mantuvo el núcleo duro de la doctrina de Von der Goltz, es decir, la guerra como fenómeno social total y la necesidad de preparación integral, pero reformuló su propósito y su contenido. Mientras la prédica prusiana se orientaba a la máxima eficiencia para ganar la guerra, Perón invirtió el principio argumentando que la preparación integral era el camino para disuadir al agresor, y por lo tanto, preservar la paz: si vis pacem, para bellum. Pero la adaptación más original fue su adecuación del campo estrictamente militar al de la política económica. El discurso desplegó siete pilares fundamentales: los objetivos políticos, la acción diplomática, las Fuerzas Armadas, la política interna, la industria, el comercio y la economía.

Para Perón, la preparación para la guerra no era una especulación académica ni una preocupación secundaria, sino una condición ineludible de supervivencia estatal. Su análisis partía de la premisa de que los conflictos armados son el resultado de la disputa por el control de recursos, la competencia comercial y las tensiones geopolíticas. En un país con la dotación de recursos naturales de Argentina, ignorar esa realidad equivalía a una negligencia estratégica. De allí que sostuviera que la preparación debía realizarse durante la paz, movilizando hasta la última energía física, intelectual y material de la Nación, porque cuando la guerra se presenta ya es tarde para organizar una defensa. Esta convicción lo llevó a concebir la Defensa Nacional como un eje central de la política estatal, impulsando transformaciones profundas en lo político, lo económico, lo social y lo cultural.

Presidente Juan Domingo Perón.
Presidente Juan Domingo Perón. Créditos: Tomás Fernández y Elena Tamaro.

La Guerra de Malvinas ofrece una oportunidad única para examinar en qué medida los componentes generales de la doctrina de “La Nación en Armas” se identificaron en la práctica. Si bien tres de los primeros componentes más importantes (el pueblo, su fuerza moral, su capacidad económica e industrial) se manifestaron con singular intensidad, el cuarto componente (el Estado como agente organizador y coordinador de esas energías) no se logró cumplir en su totalidad. La movilización popular y la moral de las tropas se manifestaron con fuerza, pero la dependencia de proveedores externos y la falta de coordinación estatal expusieron las limitaciones del modelo.

La derrota en la guerra de Malvinas y la caída del régimen dictatorial en 1983 no solo marcaron el retorno a la democracia, sino también el inicio de un proceso de desmantelamiento sistemático de las Fuerzas Armadas que se ha prolongado por más de cuatro décadas. Si bien la subordinación del poder militar a la autoridad civil y la separación entre Defensa Nacional y Seguridad Interior fueron logros democráticos indiscutibles, el costo de ese proceso fue la degradación progresiva de las capacidades operativas del instrumento militar, llevándolo a una situación de indefensión estratégica y de poca capacidad de disuasión.

Las capacidades materiales y el presupuesto actual de las Fuerzas Armadas evidencian el impacto del desmantelamiento: Argentina no cuenta con submarinos operativos desde el hundimiento del ARA San Juan, su flota de destructores supera los 40 años de servicio y su presupuesto de defensa en 2025 fue del 0,28% del PBI, entre otras deficiencias. A esto se suma la desaparición de la industria militar: Fabricaciones Militares fue vaciada, los astilleros cerraron o se privatizaron y la capacidad de producir material bélico propio se redujo a niveles casi nulos. Como advertía el Almirante Storni: “la adquisición del material bélico no debe hacernos olvidar que solamente las industrias mecánicas, la marina mercante propia y las pesquerías permitirán resolver los problemas del porvenir”. Lo que demuestra que las capacidades de poder disuasivo de Argentina son insuficientes o nulas para cumplir su rol: defender a la Nación de toda amenaza externa. 

Imagen de la base de Mount Pleasant del Reino Unido en las Islas Malvinas
Imagen de la base de Mount Pleasant del Reino Unido en las Islas Malvinas. Créditos: NA.

Mientras Argentina desmantelaba su industria, el Reino Unido fortalecía su presencia en el Atlántico Sur. La base militar de Mount Pleasant, con sus capacidades de vigilancia y proyección de poder, es un recordatorio constante de la asimetría estratégica. Argentina no puede disuadir una eventual acción británica, ni siquiera puede monitorear efectivamente sus propias aguas jurisdiccionales. Storni había señalado que la defensa costera argentina quedaba incompleta sin Malvinas. Hoy, esa incompletitud se ha transformado en una vulnerabilidad estructural que el Reino Unido explota sin necesidad de usar la fuerza.

El mundo actual transita un período de alta tensión geopolítica, con nuevas amenazas como la desinformación, la inteligencia artificial, los ciberataques, el narcotráfico, el terrorismo y la disputa por los recursos naturales. Frente a este escenario, las concepciones de la Nación en Armas y “si vis pacem, para bellum”, desde la perspectiva del realismo clásico o neoclásico –que concibe el sistema internacional como un ámbito anárquico donde cada Estado debe garantizar su supervivencia–, resultan relevantes no solo para los cuadros militares, sino también para los referentes políticos que definen la dirección del país.

En síntesis, Argentina requiere coordinar y organizar una estrategia de Defensa que integre todos los componentes de la Nación necesarios para su desarrollo. Porque cuando un país trata a sus militares como un gasto innecesario y no como una inversión estratégica, envía un mensaje claro: la defensa de la Patria no es una prioridad.

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Matias Bejarano
Matias Bejarano
Redactor colaborador en El Estratégico. Estudiante avanzado de Ciencia Política por la Universidad Nacional de Mar del Plata, con formación en geopolítica, soberanía, Malvinas, Atlántico Sur y políticas públicas. Sus áreas de interés incluyen defensa, seguridad internacional, geopolítica argentina y la proyección de la política interior en estos campos.

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