En el presente artículo se propone analizar la proyección de poder naval de Argentina respecto de su superficie marítima, a partir de la elaboración de un ranking de los 15 países con mayor superficie marítima del mundo. Con lo que se buscará determinar si las capacidades militares argentinas son aptas o no para defenderse y proyectarse en el Atlántico Sur.
Para ello, se conformó un ranking donde se jerarquiza a los 15 países con mayores superficies marítimas del mundo, sumando tanto sus respectivas Zonas Económicas Exclusivas como sus plataformas continentales y sin contar sus superficies marítimas antárticas. Allí podemos encontrar a nuestro país con 6.683.000 km² en el puesto N°8, posición que muestra la inmensidad de nuestro mar. Pero se debe tener presente que el 46% de esa superficie marítima (1.639.000 km² de Zona Económica Exclusiva y 1.430.367 km² de plataforma continental) se encuentra usurpada ilegalmente por el Reino Unido de Gran Bretaña, país que se encuentra un puesto por encima de Argentina en el ranking.

Posición País ZEE + Plataforma
- 🇺🇸EEUU: 13.544.526 km²
- 🇷🇺Rusia: 11.384.516 km²
- 🇫🇷Francia: 10.911.921 km²
- 🇦🇺Australia: 10.699.356 km²
- 🇨🇦Canadá: 8.243.872 km²
- 🇮🇩Indonesia: 8.198.413 km²
- 🇬🇧Reino Unido: 7.528.477 km²
- 🇦🇷Argentina: 6.683.000 km²
- 🇧🇷Brasil: 5.651.710 km²
- 🇯🇵Japón: 4.934.364 km²
- 🇳🇿Nueva Zelanda: 4.361.354 km²
- 🇨🇱Chile: 3.934.936 km²
- 🇲🇽México: 3.688.488 km²
- 🇰🇮Kiribati: 3.449.333 km²
- 🇩🇰Dinamarca: 3.046.895 km²
Analizando el rol geopolítico de las zonas marítimas de estos países, se observa una brecha enorme entre quienes realmente pueden defenderla/explotarla y quienes no. Estados Unidos, Francia y Rusia aprovechan su tamaño marítimo para proyectar poder global, controlar rutas estratégicas y reforzar su influencia en regiones clave como el Ártico, el Indo-Pacífico y el Atlántico. Japón e Indonesia han convertido sus aguas en ejes centrales de su defensa y economía, mientras que Australia, Canadá y Argentina son “gigantes dormidos”: cuentan con inmensas ZEE y plataformas continentales, como también zonas de importantes rutas marítimas, pero sus flotas reducidas o envejecidas limitan su capacidad para patrullar, lo que las hace vulnerables a la pesca ilegal y la intrusión extranjera. El resto –Brasil, Chile, México, Dinamarca, Reino Unido– navegan entre potencias medias y secundarias, con activos marítimos importantes pero sin el peso suficiente para modificar el equilibrio global.

En cuanto a poder naval, según el Global Navy Index (GNI) del medio GlobalMilitary, Argentina se ubica en el puesto N°51 a nivel global, algo que de por sí ya es sumamente llamativo para el país, que es el 8vo más grande marítimamente del mundo. Pero al reducir el análisis al grupo de los 15 países con mayor superficie marítima y si se compara su poder naval, Argentina cae del 8vo al antepenúltimo puesto de ese grupo. En donde sólo supera a Nueva Zelanda y Kiribati, y apenas se asemeja a México.
En cuanto a nuestro presupuesto en defensa, el cual es de aproximadamente $4.200 millones USD, en este ranking sólo se asemeja a países como Nueva Zelanda ($3.000 Millones USD) y Chile ($5.100 Millones USD), superando al nulo presupuesto de Kiribati, y muy por debajo del resto de países. Para dimensionar la brecha, países que se asemejan a la superficie marítima argentina como Brasil, Canadá o Australia, multiplican en un 500%, 700% y 800% respectivamente al presupuesto argentino. Nuestro país, al carecer de una estrategia seria de inversión en materia de defensa, arrastra un déficit crónico que le impide traducir su enorme plataforma continental en proyección real. El presupuesto argentino no es el de un país que aspira a custodiar una de las mayores superficies marítimas del mundo, sino el de una nación que apenas sostiene lo que tiene y que no dimensiona su potencial.
Pasando a capacidades militares navales: los únicos países que cuentan con Portaaviones son Estados Unidos, Rusia, Francia y Gran Bretaña, marcando una gran diferencia de poder con el resto de países del ranking. Argentina tiene la experiencia de haber tenido portaaviones durante más de 30 años ininterrumpidos en el siglo pasado: el ARA Independencia en el período 1959-1969 y el ARA 25 de Mayo en el período 1959-1997 cuando fue desguazado –dejó de operar en 1988–, para no volver a incorporar nunca más ningún buque de este porte.

Si se comparan las capacidades submarinas, encontraremos en el ranking a Dinamarca, México, Nueva Zelanda, Kiribati y Argentina como los únicos países sin submarinos, teniendo en consideración que los 2 submarinos tomados en la tabla no se encuentran operativos y es probable que no lo vuelvan a estar. Algo que en el debate argentino, y tal vez a diferencia de los portaaviones, se muestra como una gran falencia que genera mucho ruido y preocupación, ya que nuestra Armada siempre contó con submarinos operativos de manera casi ininterrumpida desde 1933 hasta 2020, año en el que el ARA Salta dejó de operar. A partir de allí, dejamos de contar con capacidades submarinas capaces de patrullar y defender el Atlántico Sur. Además, es menester añadir que los oficiales y suboficiales de la fuerza de submarinos cuentan con sólo dos opciones para realizar sus entrenamientos y no quedar en el olvido: primero la utilización del ARA Salta como plataforma de entrenamiento de buzos tácticos y también para otros ejercicios de entrenamiento submarino básico pero sin capacidades de inmersión; y el segundo es el adiestramiento conjunto con la Armada del Perú.
Si nos centramos en lo que a destructores respecta, encontramos a Argentina con un total de 3 destructores (ARA Almirante Brown, ARA La Argentina, ARA Sarandí) acompañada en el ranking de países como Estados Unidos, Rusia, Japón, Francia, Reino Unido, Australia y Canadá. Pero hay que tener en consideración que nuestros destructores rondan los 40 años de servicio y ya se acercan al fin de su vida útil. En cuanto a buques de menor porte, entiéndase fragatas, corbetas, patrulleros, buques anfibios y de apoyo, seguimos permaneciendo en un posición muy inferior en la tabla.
Concluyendo, en base a estos datos podemos argumentar que las capacidades navales de Argentina son limitadas y/o escasas, por lo que urge la adquisición y renovación de equipamiento para la Armada. Es acá donde debería considerarse una estrategia combinada entre la potenciación de la industria militar nacional para un mediano-largo plazo, y la adquisición de capacidades externas para el tiempo inmediato. Dichas adquisiciones tienen que enmarcarse dentro de una modernización adecuada, la cual conlleve no sólo la incorporación de buques, sino también de armamento, radares, drones, capacidades misilísticas, entre otras.
Finalmente, se podría diagramar un plan de incorporación para los tipos de buques que constituirían un salto exponencial en la proyección de poder argentina sobre el Atlántico Sur, teniendo en consideración las limitaciones técnicas y presupuestarias: para el corto plazo la incorporación de submarinos; para el mediano plazo la renovación de la flota de destructores y una nueva posible incorporación de submarinos; y para el largo plazo la posible incorporación de un portaaviones, para una completa proyección de poder en toda nuestra ZEE y Plataforma Continental.
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