La llegada del Teniente General Carlos Alberto Presti al Ministerio de Defensa encuentra a las Fuerzas Armadas en un punto de inflexión: con avances puntuales en equipamiento y modernización de capacidades, pero atravesadas por un récord de bajas, salarios deteriorados y una crisis abierta en su sistema de salud, IOSFA. El relevo marca el cierre de la etapa de conducción de Luis Petri y abre una fase inédita al frente de la cartera en plena reconfiguración del instrumento militar.

Petri deja el ministerio tras dos años de gestión marcados por tres vectores: el alineamiento político con la Casa Rosada, la prioridad a la agenda de seguridad interior y el intento de sostener ciertos programas de reequipamiento pese a la restricción fiscal. En ese contexto se concretó la compra de los cazas F-16 a Dinamarca y blindados 8×8 Stryker a EE.UU., se avanzó en programas de modernización de vehículos y se mantuvieron vigentes herramientas como el FONDEF, aunque con ejecución parcial y cambios de prioridades según la coyuntura económica.
Personal en retirada: bajas, descontento y salarios atrasados
Ahora, Presti asume con doble condición: fue el jefe del Ejército que piloteó un recambio profundo en la cúpula militar y, al mismo tiempo, deberá hacerse cargo de un ministerio con tensiones estructurales que exceden a cualquier Fuerza en particular. Uno de los datos más sensibles que hereda el nuevo ministro es el aumento de las bajas y retiros anticipados en las tres Fuerzas.
Fuentes castrenses vienen alertando desde hace meses sobre la combinación de sueldos rezagados frente a la inflación, falta de horizonte de carrera claro y condiciones de vida complicadas, especialmente en destinos de las grandes urbes o en unidades con infraestructura deficiente. El problema no es solo cuantitativo, sino cualitativo, ya que, cuando se van suboficiales y oficiales con especialización técnica (mecánicos de aeronaves, personal de comunicaciones, ingenieros, sanidad), el costo de reposición es alto y lento.
Esa pérdida de capacidades afecta directamente la disponibilidad de medios, el mantenimiento y la posibilidad de sostener despliegues prolongados. El deterioro salarial es un elemento central del malestar. Aunque hubo recomposiciones parciales, la brecha con otros sectores del empleo público y, sobre todo, con el sector privado calificado sigue siendo significativa.
IOSFA, el otro frente crítico que espera al nuevo ministro
Si la cuestión salarial y de equipamiento golpea la moral, la crisis de la obra social militar (IOSFA) es el punto donde el malestar se vuelve más visible para la familia militar. En los últimos meses se multiplicaron las quejas por demoras en prestaciones, dificultades para acceder a turnos, deudas con prestadores y recortes en la cobertura en distintas provincias.

Para una fuerza que históricamente presentó al “sistema de salud propio” como parte de la compensación por sueldos relativamente bajos y régimen de disponibilidad permanente, el deterioro de IOSFA tiene impacto directo en la percepción de reconocimiento y cuidado por parte del Estado. La agenda que hereda Presti incluye, por lo tanto, no solo la discusión financiera (déficit, deudas, esquema de aportes) sino también una decisión política: si Defensa va a impulsar una reforma de fondo del sistema, un saneamiento gradual con mayor apoyo presupuestario o un rediseño completo de cómo se brindan las prestaciones a militares, retirados y sus familias.
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