El Banco Central de la República Argentina (BCRA) renovó por cinco años el acuerdo bilateral de intercambio de monedas con el Banco Popular de China (People’s Bank of China, PBoC) por 130.000 millones de yuanes, equivalentes a aproximadamente USD 19.000 millones, y extendió así hasta 2031 una de las principales herramientas financieras que vinculan a Buenos Aires con Beijing.

La renovación introduce además una modificación relevante respecto de los acuerdos anteriores: el plazo pasó de tres a cinco años, la mayor extensión utilizada desde que ambos bancos centrales establecieron este mecanismo en 2009. Según informó el BCRA, el objetivo es otorgar mayor previsibilidad a la continuidad del instrumento y sostener la cooperación financiera entre ambas instituciones.
El acuerdo no implica que la Argentina esté tomando automáticamente USD 19.000 millones de nueva deuda. El swap funciona como una línea contingente de intercambio de monedas que puede ser utilizada para reforzar liquidez, facilitar operaciones comerciales o administrar reservas. Dentro del esquema permanece vigente además un tramo activado originalmente por 35.000 millones de yuanes, unos USD 5.000 millones, aunque el Gobierno redujo considerablemente durante los últimos meses los fondos efectivamente utilizados.
El vínculo con China sobrevive al alineamiento con Washington
La decisión vuelve a exponer una de las principales tensiones de la política exterior argentina. Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Milei convirtió la relación con Estados Unidos en uno de los ejes centrales de su estrategia internacional, profundizando la cooperación política, económica, de seguridad y defensa.
En abril, el propio Gobierno reafirmó oficialmente que Estados Unidos ocupa un lugar prioritario dentro de la política exterior argentina, mientras durante los últimos meses Buenos Aires y Washington ampliaron su agenda conjunta en áreas como inversiones, minerales críticos, seguridad marítima y cooperación militar.
Ese alineamiento, sin embargo, no eliminó la dependencia económica de algunos vínculos construidos con China. Escenario Mundial ya había señalado que el Gobierno buscaba mantener una relación pragmática con Beijing mientras profundizaba su alianza con Trump, debido al peso chino en comercio, energía, minería, infraestructura y financiamiento.
La renovación del swap materializa ese equilibrio. Mientras Milei mantiene una alineación política particularmente estrecha con Washington, el Banco Central argentino decidió garantizar durante otros cinco años la continuidad de una herramienta financiera proporcionada por Beijing.
Una pulseada que Estados Unidos ya había llevado al swap
La continuidad del acuerdo no es un asunto neutral dentro de la competencia entre ambas potencias. Durante 2025, funcionarios estadounidenses cuestionaron públicamente el swap chino y lo presentaron como una manifestación de la creciente influencia financiera de Beijing en América Latina. China respondió acusando a Washington de intentar interferir en su relación con la Argentina.
La disputa se inserta en una preocupación estadounidense mucho más amplia. Escenario Mundial analizó cómo Washington observa la presencia china en Argentina como un desafío estratégico, especialmente en sectores vinculados con telecomunicaciones, infraestructura crítica, recursos naturales y seguridad.
Esa competencia volvió a hacerse visible esta semana en Neuquén, donde representantes estadounidenses cuestionaron un eventual acuerdo tecnológico entre la distribuidora eléctrica CALF y Huawei. El episodio mostró hasta qué punto la rivalidad entre Washington y Beijing comienza a trasladarse a decisiones empresariales e infraestructura estratégica dentro de la Argentina.
En paralelo, el Gobierno argentino continúa participando de iniciativas promovidas por Estados Unidos para asegurar cadenas de minerales críticos y tecnología avanzada. Argentina ya quedó ubicada en el centro de la competencia entre ambas potencias por recursos necesarios para defensa e inteligencia artificial, particularmente por su potencial en litio, cobre y otros insumos estratégicos.
Argentina entre las dos potencias
La renovación también confirma una evolución respecto de los primeros meses del Gobierno de Milei. Después de una etapa inicial marcada por fuertes cuestionamientos políticos hacia Beijing, el Presidente terminó definiendo públicamente a China como un “gran socio comercial” y defendiendo la necesidad de mantener intercambios con la segunda economía mundial. Escenario Mundial ya había identificado ese giro pragmático durante el Foro de Davos.
El nuevo acuerdo lleva esa lógica más allá del comercio. Al extender el swap hasta 2031, Argentina preserva una relación financiera estructural con China pese a que su orientación política y estratégica continúa acercándose a Estados Unidos.
El resultado vuelve a colocar al país en una posición particular dentro de la competencia entre Washington y Beijing: alineado políticamente con Estados Unidos, pero todavía conectado con China mediante comercio, inversiones, infraestructura y una línea financiera por unos USD 19.000 millones que ahora tendrá una vigencia de otros cinco años.
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