El Atlántico Sur concentra los recursos y activos más estratégicos del siglo XXI: hidrocarburos, minerales, energía, recursos marinos, alimentos, telecomunicaciones. Y eso sin contar que otorga un acceso estratégico a la Antártida, al ser su puerta de entrada natural. En este sentido, su valor geopolítico se explica prácticamente solo. Hay quienes estiman que hoy la zona se encuentra en proceso de militarización y cada vez son más los Estados que buscan ampliar su presencia y proyectar poder en la zona. Comprender qué recursos estratégicos están en juego permite explicar la relevancia creciente del Atlántico Sur en el marco de una competencia geopolítica global.
El Atlántico Sur se consolida, cada vez en mayor medida, como un espacio de creciente valor estratégico. Su ubicación geográfica, su plataforma continental, su conexión con la Antártida, sus rutas marítimas, sus ecosistemas marinos y sus recursos hacen de este espacio una zona estratégica, que ha capturado el interés de las superpotencias y grandes compañías. Los hidrocarburos y la minería explican, especialmente, este interés, como así también sus recursos pesqueros y su ecosistema marino, que concentra especies de significativo valor como el calamar. De hecho, el Atlántico Sur representa una de las mayores reservas de alimentos del mundo, según revelan reportes especializados.

Es, precisamente, por este motivo que, a lo largo de los últimos años, el Atlántico Sudoccidental ha experimentado un exponencial crecimiento de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). Buques y flotas extranjeras practican actividades extractivas y pescan, de manera no autorizada, diariamente, capturando especies que luego son distribuidas y comercializadas en mercados internacionales. Su impacto no es solo económico, sino también ambiental y humanitario, ya que este fenómeno afecta la seguridad alimentaria.
En paralelo, como se mencionó, los hidrocarburos y la minería son los principales recursos estratégicos, que incentivan, junto a las especies marinas, el interés en el Atlántico Sur, que hoy representa una de las zonas más importantes del mapa en términos de geopolítica. La exploración y explotación offshore de hidrocarburos es clave, en este sentido: petróleo, gas y energía bajo el mar, que incentivan inversiones millonarias provenientes de diversos Estados que buscan acentuar su presencia en las cuencas offshore y consolidar su proyección de poder, bajo un contexto internacional de transición energética.
Algo similar sucede con la minería. Si bien su potencial es importante, las inversiones en el área todavía no llegan a alcanzar las de la exploración y explotación hidrocarburífera en el Atlántico Sur. En este caso, el interés aparece ante el cobalto, el níquel y lo que se conoce como “tierras raras”, para la producción de baterías y el desarrollo tecnológico. Por último, el recurso estratégico del futuro se concentra en la Antártida, a la cual el Atlántico Sur da acceso directo y natural. El tablero geopolítico del futuro se mueve en función y en torno a la Antártida, que concentra recursos estratégicos y potenciales, inexplorados hasta el momento –como resultado del Tratado Antártico–, y es una fuente invaluable de agua dulce, que se estima que es el recurso del futuro.
El Atlántico Sur, además, otorga acceso a cables submarinos, telecomunicaciones y conectividad. De hecho, es, a día de hoy, uno de los corredores más importantes del mundo en lo que respecta a tránsito de datos y conectividad global, gracias a los cables submarinos de fibra óptica que radican en él y transportan una significativa parte de la economía digital de la región y del mundo incluso, según revelan diversos reportes. La infraestructura estratégica desarrollada en torno a esta área también forma parte de los recursos estratégicos que están en juego. De hecho, por ello, cada vez son más los países que buscan desarrollar infraestructura propia en la zona. El fin es aumentar no solo su presencia sino su proyección de poder naval y militar.
La infraestructura es clave para ello y por ello, muchas superpotencias han buscado asociarse con la República Argentina, que tiene salida natural al Atlántico Sur y se presenta como un punto central en el mapa. Desde Estados Unidos hasta China, las superpotencias y otros Estados buscan proyectar poder, desde Argentina, y desarrollar infraestructura estratégica propia en torno al Atlántico Sur, a partir de la cooperación e integración con el país del Cono Sur. En este sentido, la instalación de bases y unidades navales e instalaciones portuarias contribuyen al monitoreo oceánico y el control del comercio marítimo, en el marco de una competencia geopolítica global en torno al Atlántico Sur, que se centra en los recursos estratégicos mencionados, que se ponen en juego frente a este escenario.
Lo que está en juego en el Atlántico Sur no son meros recursos estratégicos aislados sino más bien se trata de un ecosistema estratégico compuesto por activos energéticos, científicos, naturales y logísticos que hacen del Atlántico Sur una región clave para la transición energética, la seguridad alimentaria, la conectividad, el comercio marítimo y el desarrollo científico. Se trata de un espacio, en proceso de militarización según algunos, donde se concentran intereses económicos, geopolíticos y militares, que ha captado el interés de las superpotencias y donde la Argentina tiene presencia natural, la cual busca acentuar y consolidar.
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