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Cómo afecta la militarización del Atlántico Sur a Argentina

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Créditos: Infobae.

La militarización del Atlántico Sur ya es una realidad, que afecta, de lleno, a la República Argentina, que posee proyección geográfica natural hacia el Atlántico Sur. Su impacto se traduce en diferentes niveles y aristas, siendo las más trascendentales la defensa, la soberanía y la geopolítica. La militarización del Atlántico Sur no se limita al campo militar sino que representa y configura una disputa por el control estratégico de este espacio en el largo plazo. 

Es por ello que, muchos analistas y teóricos de las Relaciones Internacionales ya conciben al Atlántico Sur como un global common (espacio común), a partir del cual las superpotencias diseñan sus estrategias para acentuar su presencia y dominio, en el marco de una competencia geopolítica. La militarización contempla el control y dominio de espacios marítimos, corredores y rutas oceánicas, y recursos (pesca y energía offshore, principalmente). Este último punto es central, ya que el Atlántico Sur es una de las zonas pesqueras con más recursos del mundo, y ante la presencia de flotas extranjeras que vulneran los límites legales se practican maniobras y actividades de pesca ilegal y explotación no reglamentada. En este sentido, se afecta directamente la soberanía de los Estados que naturalmente tienen proyección hacia el Atlántico Sur, como es el caso de la República Argentina, que sufre las consecuencias de la pesca ilegal en la Milla 201, más allá de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA). 

Pesca ilegal
La militarización del Atlántico Sur contempla el control y dominio de espacios marítimos, corredores y rutas oceánicas, y recursos (pesca y energía offshore, principalmente). Créditos: NA.

En este sentido, el Atlántico Sur, como zona de disputa geopolítica, reconfigura el papel de la República Argentina, sobre la que crece el interés. No en vano, tanto China como Estados Unidos, han estado intentando acercarse a la Argentina –a través de las diferentes administraciones gubernamentales de turno– para cooperar en el campo, y así proyectar presencia y dominio en el Atlántico Sur con la Argentina como puerta de entrada natural. Sin embargo, la militarización del Atlántico Sur impacta, de lleno, sobre la soberanía argentina, siendo el eje principal la cuestión Malvinas. Desde 1833, la Argentina reclama su soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, bajo administración del Reino Unido desde entonces. 

La presencia militar británica en Mount Pleasant le otorga al Reino Unido ventajas comparativas, frente a la militarización del Atlántico Sur, donde se destaca la capacidad de vigilancia aérea y marítima, el control logístico regional y la proyección –natural– hacia la Antártida. Bajo esta lógica, Reino Unido ejerce dominio y control efectivo sobre una significativa e importante parte del Atlántico Sur austral, gracias al despliegue territorial permanente en Mount Pleasant. La exploración hidrocarburífera alrededor de Malvinas es crucial, en este punto, ya que Reino Unido habilita licencias exploratorias en la isla y sus alrededores, pese a las prohibiciones internacionales para hacerlo, facilitando y promoviendo la exploración en la zona y la plataforma continental, en disputa con la República Argentina. 

En este sentido, la creciente militarización del Atlántico Sur y la presencia extranjera en la zona, que se acentúa cada vez más, impulsan a la Argentina a invertir en defensa marítima y naval. De este modo, la Armada Argentina adquiere un papel crucial y el patrullaje marítimo se torna imprescindible. La inversión en radares, patrullas marítimas, infraestructura austral, vigilancia y aviación resulta más que necesaria, en este contexto, en que el país busca aumentar sus capacidades propias y consolidar alianzas estratégicas, apoyándose en potencias extranjeras. 

La militarización del Atlántico Sur impacta, de lleno, sobre la soberanía argentina, siendo el eje principal la cuestión Malvinas. Créditos: Página|12.

Ello explica, en buena parte, el incremento de ejercicios combinados con Estados Unidos, la cercanía hacia la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la cooperación militar con Estados Unidos y el bloque occidental, entre otras cuestiones. El alineamiento argentino hacia Occidente se materializa en la militarización del Atlántico Sur, donde la Argentina se inserta dentro de la competencia global entre Estados Unidos y China, y toma un marcado posicionamiento. 

Finalmente, la militarización del Atlántico Sur se relaciona íntegramente con el acceso a la Antártida. En este sentido, la posición natural geográfica de Argentina es crucial. La Patagonia y especialmente, Tierra del Fuego aparecen como puertas de entrada naturales a la Antártida. Ushuaia, de hecho, se configura como una plataforma logística clave para la proyección y el acceso al sistema internacional antártico, y posee un valor estratégico creciente, que es seguido de cerca por Estados Unidos y China. Así lo demuestra el interés en la Base Naval Integrada de Ushuaia. Las superpotencias saben que quien tenga mayor dominio naval y aéreo en el Atlántico Sur poseerá una puerta de acceso preferencial a la Antártida. 

La militarización del Atlántico Sur es una realidad que afecta a la Argentina de lleno, y redefine el equilibrio de poder alrededor de la Antártida y sin lugar a dudas, de Malvinas, sobre la cual Argentina reclama su soberanía desde 1833. La presencia extranjera en la zona, que ya es considerada por algunos como un global common y una zona de disputa y competencia geopolítica, es creciente. El interés de las superpotencias no es casual: recursos marítimos, exploración offshore, rutas y corredores oceánicos, y proyección antártica son algunos de los puntos que despiertan el interés en el dominio y control del Atlántico Sur. En este escenario, Argentina busca aumentar sus capacidades de defensa, control y dominio, y la cooperación con Estados Unidos es vital, como lo demuestra la reciente firma de una carta de intención con autoridades estadounidenses.

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