El caso HMS Medway expone la relevancia del control, la vigilancia y el patrullaje marítimo, y reabre una pregunta de fondo: ¿qué capacidad real tiene Argentina para controlar el Atlántico Sur, uno de los espacios marítimos más extensos y estratégicos del hemisferio sur? El episodio del despliegue del HMS Medway, reabre el debate en torno a esta cuestión de relevancia, en términos de defensa y geopolítica, y expone una pregunta de fondo.
Recientemente el buque de guerra HMS Medway, de la Royal Navy –Marina Real británica–, transitó por espacios marítimos de jurisdicción argentina. Según la información disponible, el patrullero británico fue detectado navegando desde las Islas Malvinas hacia el extremo sur continental, y sin aviso previo a las autoridades argentinas. La presencia de unidades navales de la Royal Navy en el Atlántico Sur, como lo muestra este episodio en particular, reabre un debate geopolítico, en torno al control del Atlántico Sur.

El control de este espacio, declarado recientemente como un global common por el Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), no depende, únicamente, de tener capacidades navales, como las que otorgan los buques y unidades de guerra. En el escenario internacional actual, el control marítimo implica presencia permanente, logística, comunicación y tecnología. Entonces, ¿qué significa controlar el Atlántico Sur?
Patrullaje marítimo, aviación naval, corredores logísticos, tecnología, comunicaciones y sensores, responden, parcialmente, a esa pregunta. El control del Atlántico Sur implica presencia naval, vigilancia satelital, patrulla aérea, sensores costeros, buques oceánicos, infraestructura portuaria, logística y desarrollo tecnológico. Además, se contempla el uso de drones y radares costeros, el desarrollo satelital, red de sensores e inteligencia electrónica. Por lo que, involucra a un conjunto de áreas estratégicas que resultan ser sustanciales y fundamentales para el control y patrullaje de uno de los espacios marítimos más importante y grande del mundo. En esta línea, el desarrollo tecnológico y de capacidades aéreas son cruciales.
Las capacidades argentinas
La capacidad argentina de patrulla marítima es clave dentro de esta lógica. Durante años, esta capacidad estuvo reducida y limitada. Si bien la recuperación parcial de aeronaves de exploración, que se produjo como resultado de la incorporación de los Lockheed P-3C Orion de patrullaje de largo alcance, representa un significativo avance, aún la capacidad argentina resulta insuficiente para cubrir un espacio oceánico de semejante dimensión.
Estas aeronaves de patrulla marítima permiten detectar buques pesqueros ilegales, identificar movimientos navales irregulares y controlar rutas comerciales. En paralelo, los patrulleros oceánicos y buques otorgan una capacidad central para proyectar presencia y poder en cualquier espacio marítimo. En este caso, y para la Argentina, en el Atlántico Sur. Los cuatro patrulleros oceánicos clase Gowind (OPV 90) de la Argentina, adquiridos a Francia, fortalecen el inventario y consolidan las capacidades de patrullaje oceánico.
Las unidades son utilizadas para control pesquero, vigilancia y patrullaje permanente, y, especialmente, presencia soberana. Hoy en día, el país patrulla zonas donde antes no existía ni había presencia argentina, en un intento por expandir el control y la presencia argentina en la zona, considerada de vital importancia por su proyección natural hacia la Antártida y las Islas Malvinas, cuya soberanía es reclamada por la República Argentina.
Las capacidades argentinas que hoy están en discusión y debate incluyen la recuperación de la aviación de exploración marítima, la incorporación de nuevos sensores y radares, el desarrollo de drones marítimos, y el fortalecimiento de las bases existentes en la Patagonia. Argentina busca controlar el Atlántico Sur con infraestructura estratégica. En este sentido, los puertos y bases son cruciales, siendo la más destacada la de Ushuaia, que encabeza un proyecto de desarrollo a largo plazo. A día de hoy, la Base Naval Integrada de Ushuaia (BNIU) funciona como centro de control del Atlántico Sur, y un punto de apoyo antártico que otorga proyección bioceánica, en el marco de una zona de competencia geopolítica.
A su vez, la modernización de la Armada Argentina (ARA) forma parte, también, de este debate que se reabre como resultado del despliegue del HMS Medway en el Atlántico Sur, y que coloca a la República Argentina en el centro del mapa geopolítico, en el que las superpotencias buscan proyectar poder y capacidades en el Atlántico Sur. La forma de controlar el espacio marítimo ya es conocida, Argentina, sin embargo, aún desarrolla capacidades que sean suficientes para expandir su presencia, consolidar su despliegue y controlar, efectivamente, el Atlántico Sur, de cara a las próximas décadas, con el respaldo deEstados Unidos, bajo el alineamiento estratégico con Washington, como así lo muestra el acuerdo recientemente firmado por la Armada Argentina y el SOUTHCOM.
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