En los últimos años, la Antártida dejó de ser simplemente un territorio dedicado a la investigación científica. El continente se ha convertido en uno de los puntos más relevantes y estratégicos del siglo en curso. El mundo entero centra su atención en la Antártida, comenzando por las superpotencias que reconocen su invaluable valor en términos económicos, científicos, estratégicos y geopolíticos, de cara al futuro. En este escenario internacional y considerando que Argentina reclama soberanía sobre el Sector Antártico Argentino, cabe preguntarse ¿por qué la Antártida es cada vez más importante para el país sudamericano?
El valor de los recursos naturales, como el agua dulce y la energía, la transición energética, las rutas marítimas y comerciales, y el cambio climático han contribuido a configurar y consolidar a la Antártida como una pieza clave del tablero geopolítico internacional. Durante décadas y años, la Antártida fue concebida simplemente como un laboratorio internacional. Si bien el desarrollo científico se mantiene, hoy en día, la Antártida es mucho más que eso. Principalmente es uno de los espacios de disputa geopolítica del futuro y un punto clave del Atlántico Sur. La Antártida es, además, una plataforma logística invaluable para las rutas marítimas. Allí conviven intereses económicos, estratégicos, ambientales, científicos, geopolíticos y militares.

El fenómeno del cambio climático, que impulsa el retroceso del hielo y la escasez de los recursos naturales, modifica la forma de pensar y concebir a la Antártida. Las investigaciones científicas que se desarrollan en el continente resultan, por ende, sustanciales, así como también los descubrimientos de los que se tiene conocimiento hasta el momento respecto de sus recursos naturales, ya que la explotación está prohibida por el Tratado Antártico. Aunque el más importante continúa siendo el agua dulce, considerado el recurso estratégico del futuro.
Argentina es uno de los países con mayor presencia histórica en la región y reclama soberanía sobre un sector del continente, bajo fundamentos que incluyen la continuidad geográfica, la herencia histórica, la proximidad y la presencia continua del país en el continente con bases permanentes. Argentina inauguró su primera base en la Antártida en el año 1904. A día de hoy, el país tiene 13 bases en total, 7 que son permanentes –incluyendo la Base Esperanza popularmente conocida– y 6 que son temporarias en verano. Su experiencia científica en el continente supera la de otros países y le permite consolidar y llevar adelante proyectos científicos, tecnológicos, biológicos y meteorológicos, como así también las diversas campañas antárticas. Argentina tiene ventajas comparativas en Antártida. Su presencia en el continente blanco, precisamente, no es una más y el mundo lo sabe.
Para la Argentina, el desafío es mantener su posición en la Antártida y delimitar qué papel busca desempeñar en el régimen antártico y en el Atlántico Sur, mientras cada vez son más las potencias que buscan acentuar su presencia en la zona y proyectar poder, como el Reino Unido con quien la Argentina mantiene un conflicto abierto por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Las grandes potencias están mirando hacia el Sur Global y la Antártida forma parte de esa lógica.

Desde Estados Unidos y China hasta Rusia, Reino Unido y Australia buscan proyectar capacidades y poder en una zona del mapa que cada vez adquiere más relevancia internacional. Si la Antártida es cada vez más importante para la Argentina, así también lo es para el mundo entero y especialmente, para las superpotencias del sistema, que compiten por una mayor influencia y presencia en la zona, a partir del desarrollo científico, tecnológico, logístico y naval. En este contexto, Argentina busca consolidar su presencia en el continente blanco, como así también su papel dentro del esquema antártico a largo plazo. La importancia de la Antártida, de hecho, no se sustenta ni gira en torno a la explotación de recursos en el corto y mediano plazo, sino más bien en la relevancia y el valor geopolítico que adquieren dichos recursos, como el agua dulce por ejemplo, de cara al futuro de transición energética y cambio climático, donde la escasez de recursos ya preocupa y alerta a los Estados.
Además, para Argentina, Antártida forma parte de una lógica estratégica mucho más amplia. Ushuaia, Atlántico Sur y Malvinas no están aislados sino que forman parte del enfoque argentino respecto a la Antártida. Todos ellos forman parte de una misma lógica para el país. En este escenario, el control y la seguridad marítima, las rutas bioceánicas, la investigación oceanográfica y el desarrollo logístico y naval ocupan roles centrales. La creciente importancia que supone la Antártida para la Argentina incentiva al país a fortalecer el desarrollo de la ciencia y tecnología antártica, consolidar infraestructura logística en la zona, invertir en capacidades polares, sostener su presencia continua y permanente en el continente, y proyectar a Ushuaia como un hub antártico, como sostienen muchos especialistas.
Antártida es una política de Estado argentina, al igual que la causa Malvinas. Con creciente importancia, el continente blanco despierta el interés del mundo entero y ya se centra en el tablero geopolítico global. Para la Argentina, eso implica sostener, mantener y consolidar su presencia antártica, más que nunca, con su identidad geográfica, científica-tecnológica e histórica. En este contexto, el país periférico busca consolidar su estrategia antártica y reafirmar qué lugar quiere ocupar en el escenario internacional del siglo en curso que se centra en el Sur Global.
Te puede interesar: Proponen crear un sistema nacional de vigilancia marítima con drones
