La historia militar y contemporánea nos demuestra que es de suma importancia mantener operativa la reserva de las Fuerzas Armadas, llevando la contra a los mitos institucionales, fortalecer este sistema no exige un gasto astronómico en Defensa, totalmente lo contrario, el adiestramiento de este personal –nutrido en buena parte por profesionales civiles que aportan voluntariamente sus conocimientos técnicos a la Fuerza– representa una de las soluciones más económicas y eficientes en términos de costo-beneficio para el Estado –no quitando el hecho de que se necesite invertir más presupuesto que el que se invierte actualmente en defensa–.

La singularidad y uso estratégico que cumple el personal reservista se destaca justamente en el doble rol; son ciudadanos que cumplen su vida civil de forma normal, pero reciben instrucción militar fines de semana por medio en sus respectivos asientos de paz. El personal de Reserva puede ser todos aquellos que hayan pasado alguna vez por un instituto de formación militar y que se hayan dado de baja –que puedan sean considerados soldados instruidos/Subof. Res. / Of. Res en casos puntuales–, Civiles egresados de un CUFOR (Curso de Formación de Oficiales de Reserva), personal de soldados o cuadros de Oficiales o Suboficiales que se hayan dado de baja y/o Egresados de algún Liceo Militar que ostenten el grado de Oficial de Reserva.
Tomando la experiencia histórica de la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), se puede ver cómo el sistema de reservas puede definir el resultado de un conflicto a gran escala. En dicho proceso de unificación alemana, tanto el Segundo Imperio Francés como los Estados Alemanes bajo el mando de Guillermo I recurrieron a la movilización masiva de sus Fuerzas Armadas, incluyendo la Reserva.

En este conflicto, tanto el Segundo Imperio Francés de Napoleón III como los Estados Alemanes bajo el mando de Guillermo I, usaron el llamado nuevo Sistema de Reservas, siendo los alemanes los que más abusaron de este. En el caso alemán, este consistía en que, una vez que un ciudadano cumplía su servicio militar obligatorio, pasaba a la Reserva por 4 años y posteriormente a la Guardia Nacional (Landwehr) por 5 años más. Aquel sistema permitió a la conducción germana ejecutar una movilización general donde los reservistas conformaron el 75% de la fuerza efectiva. Mediante el empleo estratégico de los nuevos ferrocarriles como acelerador logístico, la fuerza efectiva escaló rápidamente de 300.000 a 1.200.000 hombres, teniendo una superioridad numérica y una flexibilidad operativa determinantes frente a la rigidez del despliegue francés.
Un ejemplo más cercano de la trascendencia estratégica que tiene el reservista en nuestra propia historia es menester trasladarse a la turba Malvinense, más específicamente a la Sección “Bote”, cuyo Jefe fue el Teniente Primero (PM) Roberto Néstor ESTEVEZ, de la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 25, comandada por el Teniente Coronel Mohamed Alí SEINELDIN. El 28 de mayo de 1982, durante el cruento Combate de Pradera del Ganso, esta sección recibió la orden de contraatacar para recomponer el frente y aliviar la presión que el 2do Batallón de Paracaidistas británico ejercía sobre las diezmadas posiciones del RI 12.

El Teniente Estévez, un oficial de profunda fe católica, el cual le profesaba a su sección este lema; “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”, se encargó de forjar a fuego esa mística heroica en su tropa. Durante la instrucción de la clase 1962 en 1981, Estévez les dictó de puño y letra las letras del “Cara al Sol”, el himno de Falange Española de las JONS, convirtiéndolo en la canción de marcha oficial de la sección. Sus estrofas que decían “me hallará la muerte si me lleva / y no te vuelvo a ver” se entonaban diariamente camino al polígono o al comedor, regenerando la moral a los soldados.
Retomando lo ocurrido en aquella jornada en la turba malvinense, este es un ejemplo del heroísmo y de la estirpe católica y combativa Hispana heredada de los antiguos visigodos germanos. La Sección Bote, compuesta mayoritariamente por soldados Aspirantes a Oficiales de Reserva (AOR), detuvo en seco el avance británico en el istmo. A pesar del abrumador volumen de fuego enemigo, la sección estabilizó la línea de defensa. El Teniente Estévez, herido en una pierna y con un brazo destrozado, continuó tirando con su fusil y reglando el tiro de la artillería propia a través de la radio hasta caer mortalmente herido.

La verdadera prueba de fuego para los futuros reservistas ocurre cuando los mandos orgánicos caen. Muerto el Teniente Estévez, e inmediatamente después el Cabo Mario Rodolfo Castro, los soldados AOR no se desmoralizaron ni abandonaron sus puestos; la solidez de su adiestramiento afloró en el peor momento. Continuaron combatiendo en sus pozos de zorro de forma autónoma durante horas. Fue la ametralladora MAG del soldado AOR Oscar Ledesma, apostado junto al AOR Nelson Huircapan, la que abatió al Jefe del 2do Batallón de Paracaidistas británico, el Teniente Coronel H. Jones, cuando este intentaba asaltar la posición. La caída de su comandante conmocionó el frente británico y paralizó temporalmente su ofensiva. Como reconocerían los propios cronistas e historiadores británicos Max Hastings y Simon Jenkins en sus obras sobre el conflicto, aquellos jóvenes conscriptos argentinos “estaban peleando como leones”, desmitificando la propaganda que marca a “los nenes de Malvinas” como tropas sin voluntad de combatir.
Más allá del indiscutible valor estratégico que tiene la reserva en un hipotético conflicto, la reserva también tiene otra tarea, que es ser el nexo entre la población civil y las FF.AA. Durante décadas, la sociedad civil y las instituciones militares argentinas parecieron andar por carriles separados, víctimas de los traumas históricos del pasado reciente y de una desconexión cultural profunda en materia de defensa. La Reserva destruye este aislamiento, el reservista es un ciudadano común y corriente; un ingeniero, un abogado, un docente, un técnico o un estudiante universitario que de lunes a viernes produce y vive como cualquier civil, pero cuando la situación lo amerite pueden volver al servicio.

Actualmente, las reservas sufren el daño colateral debido a la desfinanciación que vienen perjudicando a las Fuerzas Armadas desde hace ya varios años, esto tiene por consecuencia que no hay ciudadanos dispuestos a renovar las reservas, ya que estas en gran parte son los restos de lo que era la antigua Conscripción, al terminar esta, la reserva dejó de renovarse con nuevo personal. Es por todos los ejemplos históricos que mencioné anteriormente y por las ventajas que se adjudican a ella, que es necesario tener una reserva bien adiestrada y suplida de material, la cual esta última declaración no se está cumpliendo, como mencioné en mi anterior nota sobre Desfinanciamiento Militar y el Imperativo de Disuasión ante el Escenario Antártico.
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