El Gobierno colocó US$150 millones de un bono en dólares bajo ley local con vencimiento en octubre de 2028, en una operación que quedó bajo la lupa no tanto por el monto —todavía acotado— sino por lo que revela sobre la percepción del mercado frente al ciclo político que se abrirá después de diciembre de 2027, cuando termina el actual mandato de Javier Milei. El título salió con un rendimiento de 8,9%, dentro de un programa autorizado por hasta US$2.000 millones, que se emitirá en tramos semanales de hasta US$250 millones.

La lectura que dejó la colocación es bastante directa. Según Bloomberg, el bono funciona como una primera referencia concreta sobre cuánto más exige hoy el mercado para financiar a la Argentina más allá del actual mandato presidencial. La comparación que más circuló fue con el Bonar 2027, un instrumento de perfil similar pero con vencimiento antes del cambio de gobierno, que operaba con un rendimiento cercano al 5,1%. Esa diferencia empezó a ser leída como la prima que los inversores reclaman para cubrirse frente a un eventual cambio de rumbo político o económico después de Milei.
Ese punto es el que el mercado resume como “riesgo de reversión”: la duda sobre si el programa fiscal, monetario y regulatorio actual podrá sostenerse en el tiempo o si una futura administración podría modificarlo de manera suficiente como para alterar el valor de los activos argentinos. El economista Gustavo Araujo, de Criteria, lo planteó en esos términos antes de la colocación: para los tenedores de deuda soberana, la pregunta central no pasa solo por el presente del ajuste, sino por su durabilidad política e institucional en el mediano plazo.

La operación también deja otra señal de fondo. Aunque el oficialismo logró una compresión importante del riesgo país desde 2025, el costo de financiamiento argentino sigue lejos de los niveles que el equipo económico considera razonables. Luis Caputo volvió a insistir en los últimos meses en que el spread soberano debería estar mucho más cerca de la zona de 250 a 300 puntos básicos, pero a fines de marzo seguía moviéndose alrededor de los 580 puntos. En ese contexto, la colocación a 2028 aparece como una forma de testear mercado sin volver todavía a una emisión internacional más ambiciosa.
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