- La UIA informó que más de la mitad de las empresas industriales registró bajas en producción y ventas internas durante enero de 2026, con el MDI en zona de contracción.
- El relevamiento refleja tensiones financieras y ajustes en empleo, y suma un dato político: el informe se publica tras el reclamo de “respeto” al Gobierno por el tono presidencial hacia el empresariado.
- Creció con fuerza la preocupación por la competencia de bienes importados, en un contexto de apertura comercial y apreciación cambiaria que presiona la competitividad local.

La Unión Industrial Argentina (UIA) difundió un informe que muestra un deterioro extendido de la actividad manufacturera: en enero de 2026, más del 50% de las empresas relevadas reportó caídas tanto en producción como en ventas internas, y el Monitor de Desempeño Industrial (MDI) cayó a 36,5 puntos, consolidando un inicio de año en zona de contracción.
El dato llegó en un clima de tensión política con la Casa Rosada, luego de que la central fabril reclamara públicamente “respeto” al Gobierno tras el discurso del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias. La UIA plantea que el debate sobre precios y competitividad no puede desconectarse de costos estructurales, demanda interna y condiciones de financiamiento.
El MDI, que anticipa la evolución de la actividad industrial, se ubicó 7,5 puntos por debajo del relevamiento anterior y mostró una caída interanual de 5,6 puntos. En términos prácticos, el indicador se aleja del umbral que marcaría un escenario expansivo y se acerca a un registro compatible con retracción de pedidos, menor utilización de capacidad y ventas deprimidas.
Al desagregar el relevamiento, el 53,3% de las firmas indicó que su producción disminuyó respecto del promedio del cuarto trimestre de 2025. En ventas internas, el 54,7% informó bajas y solo el 13,3% registró aumentos, uno de los valores más altos de caída en la serie del monitoreo. En exportaciones, el 30% reportó descensos frente a un 14,3% que señaló subas, lo que sugiere que el frente externo no compensa el enfriamiento del mercado doméstico.
Empleo, pagos y expectativas, el frente que se vuelve más sensible
El informe también refleja que el ajuste no se limita al volumen producido. Un 22,2% de las compañías declaró reducciones en el empleo, con recortes de personal, recorte de turnos y suspensiones como herramientas para adecuar costos a la demanda. A futuro, las proyecciones muestran un balance más prudente: menos empresas anticipan mejoras y crece el número que espera un escenario más difícil.
Las tensiones financieras aparecen como otro punto crítico. El 45,6% de las empresas señaló dificultades para cumplir al menos uno de sus compromisos de pago —salarios, proveedores, servicios, impuestos o compromisos financieros—, con un grupo menor que reportó atrasos generalizados. Entre las consecuencias, se destacan mayores costos financieros e intereses y un aumento del endeudamiento de corto plazo para cubrir baches de caja.

El relevamiento marca además una brecha por tamaño: las micro y pequeñas empresas presentaron registros más negativos en producción y ventas que las medianas y grandes, lo que refuerza una señal estructural, cuando la demanda se contrae y el crédito se encarece, las PyMEs absorben más rápido el golpe y ajustan con menos margen operativo.
En el mapa de problemas, la caída de la demanda interna se mantiene como el factor dominante, pero el dato nuevo es el salto de la preocupación por la competencia de importaciones. La dificultad para competir con bienes importados trepó a 19,4% de las respuestas, cuando en mediciones anteriores prácticamente no aparecía como un problema central. Esa variación no es menor: sugiere que el debate por competitividad dejó de ser solo “costos locales” y pasó a incluir, de forma explícita, presión de precios externos sobre mercados domésticos.
El trasfondo para la industria es doble. Por un lado, el Gobierno sostiene una estrategia de apertura y disciplina macro para bajar inflación y ordenar precios relativos. Por otro, el sector manufacturero advierte que, con demanda interna debilitada y financiamiento restrictivo, la competencia externa acelera un proceso de pérdida de participación de producción local, especialmente en segmentos sensibles al precio.
El interrogante que queda abierto es si el Gobierno logrará sostener el anclaje macro sin profundizar una dinámica de contracción industrial, y si la industria encuentra un puente de salida con más inversión y exportaciones o si entra en una etapa defensiva de ajuste prolongado. En el corto plazo, el termómetro será simple: si el consumo y el crédito rebotan, el MDI puede estabilizarse; si no, el conflicto entre estabilización macro y deterioro micro seguirá escalando, tanto en indicadores como en la relación política entre el Ejecutivo y el entramado industrial.
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