El Gobierno de Javier Milei avanzó con un cambio de fondo en la inteligencia militar argentina: el DNU 941/2025 plantea la disolución de la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DNIEM), que funcionaba bajo la órbita del Ministerio de Defensa, y concentra la producción de inteligencia estratégica militar en la Dirección General de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto (DGIEMCO), una estructura propia del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

El texto oficial justifica la medida en términos de “superposición de funciones” y “estructura sobredimensionada” desde la creación de la DNIEM, con impacto sobre la eficiencia en la producción de inteligencia estratégica militar y su adecuación a las necesidades del sistema. Esa argumentación aparece como la clave política de la reforma: no se presenta como una ampliación de facultades sino como una racionalización que, en los hechos, cambia el centro de gravedad del área.
La reforma se apoya en dos pilares normativos. Por un lado, la Ley de Defensa Nacional 23.554 establece que la inteligencia en el nivel estratégico militar estará a cargo de un organismo integrado con los órganos de inteligencia de las Fuerzas Armadas y que dependerá “en forma directa e inmediata del Ministro de Defensa”.
Por el otro, el DNU sustituye el artículo 10 de la Ley 25.520 y coloca explícitamente a la DGIEMCO como órgano con función de producir inteligencia estratégica militar y la “sectorial de defensa” necesaria para el ministro, además de fijar que estará a cargo de un oficial superior con jerarquía de general o equivalente.

El punto fino no es solo quién “produce” inteligencia, sino cómo se ordena la cadena de conducción y control. El propio DNU incorpora la Comunidad de Inteligencia Nacional (CITN) y la define bajo la dirección de la SIDE en la Presidencia, integrando a las áreas de inteligencia de fuerzas policiales, de seguridad federales y de las Fuerzas Armadas en un esquema de coordinación interinstitucional permanente.
Desde una perspectiva funcional, el cambio supone una mayor centralización de la inteligencia en el ámbito estrictamente militar, alineando la producción de información estratégica con las necesidades del planeamiento conjunto y la conducción de operaciones. Al mismo tiempo, redefine el vínculo civil-militar en el área de inteligencia, al trasladar una función que hasta ahora residía en una estructura civil hacia una dependencia orgánica del EMCO.
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