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Más que fútbol y guerra: el rol de Inglaterra para llevar a Argentina a ser “el granero del mundo”

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Créditos: NA.

Inglaterra es un protagonista recurrente de las páginas de historia argentina. Tras la independencia argentina del Virreinato español del Río de La Plata en 1816, comenzó el periodo de formación nacional. La conformación de un Estado, con sus economías e industrias, su relación con el mundo y su política interna fueron las aristas que ordenaron el resto del Siglo XIX en estas tierras.

Entre otras batallas ante imperios, y también guerras internas, Argentina fue tomando forma al calor del vapor ferroviario con su corazón productivo: el agroganadero. Y fue justamente Inglaterra, uno de los imperios invasores, quien cumpliría un rol clave en empujar la gran industria argentina.

¿Qué hizo Inglaterra en Argentina durante el Siglo XIX?

Mas allá de las invasiones de 1806 y 1807, la ocupación ilegal de Malvinas en 1833 y el bloqueo anglosajón de 1845, Inglaterra también ha escrito otros capítulos en la consolidación del Estado en Argentina. Fuerte socio comercial e inversor –incluyendo el primer préstamo de la historia nacional a través de la Baring Brothers-.

Este papel lo asumiría ya decididamente para la segunda mitad del Siglo XIX, cuando Argentina cerraba la peor parte de su guerra interna entre Unitarios y Federales, y se acercaba a la extensión que conocemos hoy. A su vez, en términos globales, se decantaba la segunda Revolución Industrial.

Las nuevas tecnologías de producción y de comunicación fortalecerían el lazo económico entre ambos países, y las inversiones e ideas inglesas sentarían una base sólida para el desarrollo argentino. Nacería el modelo agroexportador.

De los primeros trueques a los frigoríficos

Argentina ponía la materia prima, Inglaterra aportaba la maquinaria y el conocimiento. Este intercambio primario paulatinamente transferiría el know-how inglés a la industria nacional.

Por el estrecho vínculo comercial, cualquier cambio al otro lado del océano impactaba en el Río de La Plata. Cuando Inglaterra vetó la compra de ganado de pie por la transmisión de enfermedades, la exportación se complejizó: se necesitaba un proceso industrial encadenado para enviar la carne.

Argentina-Inglaterra, frigoríficos
Créditos: Archivo General de la Nación.

El comienzo de la refrigeración vacuna marcó un paso adelante en la industria argentina. La llegada de los frigoríficos no solo abarcaba puestos de trabajo, también maquinaria y conocimiento para pensar un modelo de producción integral.

Superado el desafío del envío de la carne y el control de su calidad a bordo de los barcos, la refrigeración abriría nuevas puertas. A su vez, también se debieron fortalecer puntos clave del área portuaria: conexión de las salidas al mar y el desarrollo de barcos capaces de transportar esta carga en óptimas condiciones.

Si tengo donde ir, voy en trenes.

Fijado el destino al criar el ganado, congelar la producción y enviar la carne, restaba cómo sacarlo de los campos pampeanos. Llegarían los ferrocarriles como medio de transporte interno hacia Argentina, nuevamente con el sello de Inglaterra.

Con capacidad para producir más toneladas y mantenerla durante mayor cantidad de tiempo, la imperiosa necesidad de llevarlo a mar abierto obligó a un método rápido y confiable. Desde 1860, compañías británicas invertirían en la concepción de la red ferroviaria argentina.

A finales de ese siglo, aproximadamente el 70% de los kilómetros vializados llevaban marca inglesa. Compañías como Central Argentine Railway conectarían Rosario y Buenos Aires, otras como Argentine Great Western enlazarían cuyo y su extensión, Pacific Railway, llegaría a Chile.

Buenos Aires, dueña del anhelado puerto, era el centro de la telaraña ferroviaria. El objetivo central era el transporte de cereales, ganado y otros productos, pero además lentamente fue rezonificando el país, creando puntos intermedios y distribuyendo a la población.

Con bajos costos y conexiones amplias, el tren no solo fue un transporte clave para fomentar la industria ganadera, sino que fortaleció las raíces del pueblo argentino a lo largo y ancho del territorio y tuvo un rol clave, a través de Inglaterra, para darle forma a la Argentina actual.

Créditos: La Nación.

Los límites del modelo agroexportador y del vínculo político comercial

El crecimiento inicial fue exponencial por la combinación de un cóctel ideal: tierras productivas, baja densidad demográfica y mercados deseosos de carne argentina. Los efectos de esa mezcla fueron revelándose conforme avanzó la concepción nacional.

Préstamos e inversiones, empresas y obras de desarrollo, ciudades y pueblos, toda una red que funcionaba en comunión. El problema fue la dependencia desarrollada y, con el paso del tiempo, la voluntad de autonomía en el fomento industrial.

La historia dicta que a la economía argentina le ha costado la diversificación por fuera de este modelo. Siempre que haya países o mercados ávidos de carne, no se revelarán dificultades. El problema que Inglaterra dejó en la industria argentina es la vulnerabilidad a las crisis internacionales.

Las guerras mundiales y otros eventos como el black thrusday de 1929, el surgimiento de nuevas potencias y la caída final de los imperios intercontinentales requeriría de la modificación en la cadena comercial y el vínculo bilateral.

La balanza se inclinó, según la época, hacia un lado u otro a partir de decisiones políticas que marcaban el rumbo de los países. Así como Hipólito Yrigoyen buscó influir en la industria ferroviaria, acercando al Estado al control de las vías, Juan Domingo Perón conseguiría su nacionalización a mitad del Siglo XX.

Cuando la moneda caía del lado inglés, como en el pacto Roca-Runciman, la urgencia argentina por vender su carne incluía en la oferta otras concesiones y limitantes a su propio desarrollo. Por eso, según la época, los presidentes argentinos vieron condicionado su margen de maniobra a los efectos globales.

Cuando las guerras abrieron un abanico de nuevos mercados, Argentina intentó despegar su matriz industrial de Inglaterra. Pero cuando el mundo recrudecía, se veía obligado de ir en búsqueda de su fiel comprador.

Así, la influencia británica se inscribió en el péndulo argentino mucho antes que la Guerra de Malvinas. Fuera de los conflictos bélicos y políticos, Inglaterra ha sido un país fundamental en la conformación de la Argentina actual.

Comprender su rol, desde los aspectos positivos y negativos, permite analizar la historia productiva y la industria argentina con una mirada integral de la relación con Inglaterra. Invasiones, guerras, trenes, fútbol: los lazos de amor y odio desde el norte y el sur del Atlántico.

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Artículo elaborado por Bruno Diforti.

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