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Desfinanciamiento Militar y el Imperativo de Disuasión ante el Escenario Antártico

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Créditos: Agenda Malvinas.

La soberanía no se proclama, sino que se ejercita. En las Relaciones Internacionales (RR.II.), el respeto por las leyes internacionales suele ceder ante la cruda realidad del poder; en última instancia, los Estados protegen sus intereses basándose en su fuerza material y en su capacidad de disuasión. Para nuestro país, el territorio del Sector Antártico Argentino no es solo una reserva ecológica o un lugar para investigaciones científicas; es un espacio de PROYECCIÓN VITAL cuya preservación soberana dependerá estrictamente de la postura estratégica que adopte el país en los próximos años, incluyendo Malvinas, Georgias, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. 

De cara al año 2048, cuando el Tratado Antártico dará la oportunidad de revisar sus reglas y restricciones según el Artículo 12 del Protocolo de Madrid, la demanda global por recursos estratégicos como agua dulce, hidrocarburos y minerales raros debajo de las capas de hielo convertirá a la Antártida en un posible foco de conflicto intenso. Sin embargo, la perspectiva de Argentina respecto a ese escenario está limitada por una vulnerabilidad estructural: el estado de sus Fuerzas Armadas.

El Legado de la Desfinanciamiento en Defensa

Para entender nuestra vulnerabilidad actual en el Atlántico Sur, es menester analizar la sistemática desfinanciación que sufrieron las instituciones militares argentinas tras el regreso a la democracia. Si bien la presidencia de Raúl Alfonsín inició un necesario proceso de subordinación del poder militar al poder civil, las administraciones subsiguientes hasta el día de hoy profundizaron un desarme de hecho que combinó restricciones presupuestarias extremas con una marcada falta de visión estratégica a largo plazo y una notable presencia de política desarmista.

Durante la década de 1990 y los primeros años del siglo XXI, el presupuesto de Defensa de la Argentina experimentó una caída sostenida, ubicándose históricamente entre los más bajos de la región en relación con el Producto Interno Bruto (PIB). Según datos históricos recopilados en los balances del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), la inversión argentina en Defensa promedió apenas el 0.7% o 0.8% del PIB durante las últimas tres décadas, quedando muy por detrás de vecinos regionales como Chile o Brasil, que sostuvieron promedios superiores al 1.3% y 1.5% respectivamente.

Fuerzas Armadas (FF.AA), Inteligencia miltiar
Créditos: La Opinión Austral.

Esta contracción económica no solo afectó los salarios del personal, sino que paralizó por completo los programas de modernización y adquisición de material. Esta brecha en las FF.AA. no se tapa simplemente otorgando 100% de reintegro en compras —Vigente solo por dos meses con tope de $300.000— , o comprando Cazas F-16 Block 15, que está en duda su nivel de operatividad tras el Nuevo recorte de presupuesto para las FF.AA., la realidad es que el oficialismo usa la retórica patriota pero se contradice totalmente con los hechos. La gravedad de esta situación no es una interpretación subjetiva; fue explícitamente diagnosticada en documentos oficiales, como el Libro Blanco de la Defensa Argentina (publicado en varias ediciones). En dichos informes oficiales se reconoce la existencia de una “obsolescencia en bloque” del material operativo, lo que se tradujo en la pérdida de capacidades críticas sin reemplazo, como la interrupción de la capacidad submarina tras el hundimiento del ARA San Juan en 2017 o la parcial recuperación de la capacidad de interceptación de la Fuerza Aérea. 

El Atlántico Sur como Llave de Acceso y la Presencia Británica

La vulnerabilidad argentina adquiere una dimensión crítica al observar el despliegue del Reino Unido en la región. Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur no constituyen un enclave aislado; representan el centro logístico y militar desde el cual Londres proyecta su reclamo sobre el mismo sector antártico que la Argentina considera propio (el Territorio Antártico Británico).

A través del complejo militar de la Base Aérea de Monte Agradable y el puerto de la Isla Soledad, el Reino Unido mantiene una capacidad de proyección permanente en el Pasaje de Drake y espacios circundantes. Mientras Argentina debió enfrentar décadas de restricciones y la imposición de embargos de componentes militares por parte de Londres, la presencia británica se consolidó mediante patrullajes navales constantes y tecnología de punta.

Base militar Monte Agradable, centro principal desde donde se monitorean y comandan las operaciones para la defensa del archipiélago. Créditos: Wikipedia.

La soberanía en la Antártida no se dirime únicamente dentro del paralelo 60° Sur; se asegura controlando las vías de acceso marítimas y aeroespaciales que conducen a ella. Un Estado que carece de una Flota de Mar con capacidad de control oceánico, de una Fuerza Aérea con capacidad de interceptación supersónica real y de un sistema de alerta temprana de radares efectivo, cede el control fáctico de sus espacios soberanos a los actores globales que sí poseen dichas herramientas.

El Poder de Disuasión: El Imperativo del Futuro

Para afrontar este escenario en el siglo XXI, la política de Defensa nacional debe basarse en el concepto de Disuasión Efectiva. Esto no significa una postura ofensiva o belicista, sino la capacidad de infligir un costo inaceptable a cualquier actor estatal que intente vulnerar los intereses o el territorio del país. Para reactivar esta estrategia, Argentina necesita consolidar políticas de Estado que trasciendan los cambios de gobierno, apoyadas en tres pilares interrelacionados:

Fuerzas Armadas reabastecidas y operativas: Es urgente recuperar la capacidad de proyección. Iniciativas legislativas como el Fondo Nacional de la Defensa, (cuyos lineamientos y asignaciones específicas están en la Ley FONDEF N° 27.565), deben protegerse de los vaivenes fiscales para asegurar la adquisición de material moderno, como los cazas F-16 Block 15, la recuperación de la capacidad submarina, o incluso la manutención de la infraestructura de todas las unidades de las FF.AA, fabricación de uniformes, más cantidad y mejor calidad de la comida para el personal de cuadros y soldados. 

Radar Táctico de Despliegue Rápido RPA-200M, hazaña nacional de INVAP. Créditos: INVAP.

Base industrial de la defensa: Depender de proveedores extranjeros para mantenimiento y abastecimiento en crisis es un riesgo geopolítico muy grave, ningún país del mundo se desarrolló dependiendo de patria ajena. Es vital fortalecer astilleros estatales como Tandanor, fábricas como la antigua Fábrica Militar de Aviones, ahora FAdeA y modernizar Fabricaciones Militares para co-diseñar y construir armas, municiones de todos los tipos, aviones, buques polares, patrulleros y plataformas de vigilancia que permitan una logística antártica autónoma. Un claro ejemplo de una empresa nacional organizada de manera eficiente es INVAP —Que fabrica radares con tecnología de punta que utilizan las FF.AA. —.

Sistema de reservas orgánico y profesional: Dado que no es posible mantener unas FF.AA. regulares y extensas en período de paz por restricciones presupuestarias, la reserva de las Fuerzas Armadas se vuelve fundamental. Un sistema de reserva activa, entrenada y tecnológicamente calificada —que incluya profesionales civiles en áreas estratégicas como ingeniería, informática y telecomunicaciones— brinda al Estado la flexibilidad necesaria para escalar su respuesta militar ante una futura posible crisis internacional en el Atlántico Sur.

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