El espacio funciona como el nuevo dominio estratégico de la disputa geopolítica global del siglo XXI. En este sentido, su militarización ya es una realidad. Ello abre un desafío estratégico para la República Argentina y los países de la periferia, quienes también buscan proyectar poder y capacidades en el campo de batalla de este siglo. La militarización del espacio redefine el equilibrio de poder global, en un contexto donde la energía avanzada configura la nueva carrera por el poder del siglo XXI.
La competencia geopolítica del futuro se presenta en el espacio, donde las potencias buscan acentuar su presencia y dominio para proyectar sus intereses. Muchas de ellas, incluso, ya plantean sus proyecciones estratégicas en el espacio ultraterrestre y buscan dominar este global common (espacio común). El dominio del espacio acrecienta y recrudece la competencia geopolítica entre las principales potencias del sistema: Estados Unidos, China y Rusia, quienes reconocen la importancia de desarrollar infraestructura espacial y tecnológica, que pueda ser utilizada en el marco de otros conflictos y disputas. El espacio es concebido como el nuevo dominio operacional y supone, de hecho, infraestructura crítica militar.

La competencia, sin embargo, exige y demanda capacidades materiales: militares, económicas y tecnológicas. Ya son varios los especialistas en la materia que consideran que ningún conflicto y disputa moderna del siglo en curso pueda librarse sin infraestructura espacial: conjunto de capacidades vinculadas a satélites, inteligencia espacial, comunicaciones, drones, navegación y guiado de misiles, sistemas ASAT (antisatélite) y estaciones espaciales. Para los países periféricos este escenario de militarización del espacio, concebido como escenario de competencia geopolítica, supone un desafío estratégico, donde no solo intervienen actores estatales sino que se presenta una integración con actores privados, empresas y compañías, como muestra la experiencia de las potencias. El desarrollo de capacidades resulta, por ende, vital.
En este escenario, precisamente, se encuentra la República Argentina, que configura un estudio de caso periférico en el marco de una competencia global. Argentina no es una potencia espacial aunque sí un territorio estratégico en la disputa espacial, con activos nacionales de valor como los satélites ARSAT que tienen un rol estratégico en las comunicaciones nacionales de defensa. La Patagonia argentina también es un activo estratégico en la materia, donde la estación china, ubicada en la estación de Neuquén, es central. Además, Argentina posee capacidades científicas relevantes con INVAP y la CONAE como pilares y ejes claves.
Sin embargo, las ventajas estratégicas que presenta la Argentina se contrastan con los desafíos y limitaciones internas. Argentina enfrenta limitaciones en materia presupuestaria, que inciden directamente en el desarrollo de capacidades. Mientras las potencias buscan convertir el espacio en infraestructura crítica militar, la Argentina no logra desarrollar nuevas capacidades. Estas limitaciones, propias de la periferia y la coyuntura interna, suponen un desafío estratégico para el desarrollo de la infraestructura espacial de la Argentina frente a la falta de una política aeroespacial integral. Si bien el país cuenta con capacidades científicas relevantes y los roles de INVAP y la CONAE son esenciales, Argentina carece de una política y una doctrina aeroespacial integral y estratégica, sostenida en el tiempo, que permita materializar el desarrollo necesario.

La disputa por el Atlántico Sur
La militarización del espacio redefine muchas disputas geopolíticas actuales, entre ellas la disputa por el Atlántico Sur, clave en el siglo en curso. En este sentido, el desarrollo de infraestructura espacial y satelital resulta sustancial para la Argentina, para quien el Atlántico Sur y la Antártida representan intereses estratégicos de la Defensa Nacional.
En esta línea, el dominio de las capacidades espaciales es clave para la Argentina para la lucha contra la pesca ilegal, la vigilancia oceánica y el patrullaje marítimo, la defensa de recursos estratégicos soberanos, y el control antártico. Argentina no puede quedar ajena a esta disputa, a la que se enfrenta producto de su posición geográfica natural y así también del reclamo que mantiene por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur en la zona frente a Reino Unido. La proyección de poder, por ende, no debe limitarse únicamente al plano aeronaval. El desarrollo de capacidades espaciales y el dominio de infraestructura espacial y satelital es un componente de suma relevancia en el Atlántico Sur y la Antártida para la Argentina.

El espacio dejó de ser un ámbito científico y tecnológico y se convirtió en el nuevo dominio operacional y estratégico del siglo XXI, que redefine el equilibrio de poder global. Su dominio configura una competencia geopolítica hostil entre las potencias del sistema. La periferia busca entrar en esta disputa y desarrollar capacidades espaciales y satelitales. Argentina, pese a su condición periférica y no ser una potencia espacial, no está fuera de esta competencia que redefine la disputa por el Atlántico Sur, donde el país busca proyectar presencia y poder. Si bien posee capacidades científicas relevantes, las limitaciones en materia presupuestaria, propias de la coyuntura interna, suponen un desafío estratégico en la materia.
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