Frente a la caída de los ingresos fiscales, el Gobierno Nacional oficializa nuevos ajustes y recortes para sostener el superávit fiscal. El oficialismo refuerza el ajuste para mantener el ancla fiscal del gobierno, frente a una caída sostenida de los ingresos y la recaudación tributaria, que ya impacta de lleno en la Casa Rosada.
En los últimos días, se dio a conocer un nuevo recorte de partidas en obra pública, salarios públicos y transferencias a las provincias. Economía habría recortado estas partidas para poder sostener y mantener el superávit fiscal del gobierno, en línea con la meta acordada por la administración de Javier Milei con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en el marco del programa económico, iniciado en 2025, según informó Clarín. Las perspectivas del superávit fiscal y presupuestario del gobierno han estado siendo analizadas por diversas consultoras y especialistas en la materia, quienes en su mayoría coinciden en que el gobierno deberá ceder su ancla fiscal este 2026 para no asumir más costos políticos y sociales, ante una sociedad que comienza a cuestionar los ajustes fiscales en el tercer año de gobierno libertario.

Según informó Analytica, en el primer trimestre del año, el gasto cayó un 3,3%, con recortes de hasta el50% en algunas partidas oficiales, como producto de la caída de la recaudación fiscal y tributaria. De acuerdo a la información de Analytica, los recortes de gastos en el primer trimestre incluyeron ajustes para las transferencias a las provincias (-50,9%), programas sociales (-29,8%), salarios públicos (-6,1%) y asignaciones familiares, junto a la Asignación Universal por Hijo (-3,7%), entre otros. Sin embargo, pese al recorte y el ajuste en las transferencias a las provincias, esta semana el Presidente de la Nación, Javier Milei, autorizó un anticipo financiero de hasta $400.000 millones a un grupo de doce provincias, a través del Decreto 219/2026, ante las dificultades transitorias que manifiestan algunas provincias para atender financieramente sus compromisos y demandas más urgentes.
Si bien se estima que, en marzo el ritmo y el volumen del ajuste fiscal se habría moderado, aún persisten y continúan riesgos por la caída de la recaudación fiscal, que ya alerta al oficialismo para quien el ancla fiscal es indiscutible e innegociable. De hecho, ya se estima que el ajuste fiscal podría tensarse más este 2026, ante un escenario de caída sostenida de los ingresos fiscales. Sin embargo, la consultora Vectorial remarca que la nueva y próxima etapa de ajustes buscaría avanzar hacia partidas de “mayor sensibilidad política y social”. Como advierten especialistas en la materia, el costo de esta medida podría ser significativamente alto para el Gobierno Nacional.

Un reciente reporte de Bloomberg ya advertía que el menor crecimiento económico, el aumento del desempleo –difundido recientemente por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)– y la recaudación fiscal, que no logra seguir el ritmo de la inflación, estarían poniendo en riesgo el superávit presupuestario del gobierno. La caída en los ingresos fiscales preocupa al oficialismo, frente a un escenario donde durante siete meses consecutivos, la recaudación fiscal y tributaria no ha seguido el ritmo de la inflación, con una caída del 10% registrada en febrero.
El gobierno ya está tomando medidas para mantener el superávit fiscal, frente a la caída de la reeducación. En este escenario, se presentan los ajustes y recortes de gastos, que incluyen obras públicas, salarios públicos, reducción de fondos federales a las provincias y programas sociales. Pese al revuelo que estas medidas causan, dentro de las cuales se incluyen las reducciones de los subsidios a la energía y al transporte público, ya se prevé que la próxima etapa de ajustes se centre en áreas y partidas de mayor sensibilidad política y social, que podría tener severos costos políticos y sociales para el gobierno. Algunos analistas ya consideran que perder el ancla fiscal en 2026 podría ser, de hecho, la mejor opción para el oficialismo, que el año que viene se debe enfrentar a una nueva edición electoral.
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