La crisis en Medio Oriente, como resultado del conflicto bélico de Estados Unidos e Israel con Irán, y el aumento de la demanda global de cobre podrían impulsar el eje Argentina-Chile-Perú y fortalecer su cartera de proyectos e inversiones. El eje compuesto por Chile, Perú y Argentina se enfrenta a una oportunidad histórica en el mercado de cobre, como resultado del aumento de la demanda global del metal y la incertidumbre que se desprende del escenario que tiene lugar en Medio Oriente y golpea de lleno a los sectores estratégicos como la energía y la minería.
La cartera de proyectos del eje andino, que podría fortalecerse sustancialmente ante el escenario actual, podría redefinir su posición como proveedor global de cobre. Tanto Argentina, como Chile y Perú, concentran proyectos de cobre por un valor que supera los US$ 130.000 millones y todos proyectan su puesta en marcha antes del año 2033, lo que podría llevarlos a dominar alrededor del 50% del mercado mundial de metales, en caso de cumplir con las proyecciones establecidas.

Argentina y Chile trabajan, bajo el marco normativo de un acuerdo de complementariedad minera, que facilita y promueve la exploración y explotación binacional, con el objetivo de desarrollar un corredor de cobre para 2030 en la frontera, valorado en US$ 21.000. En paralelo, el año pasado, Perú y Chile se comprometieron a impulsar el “Proyecto 251”, a fin de suministrar el 51% del cobre mundial en los próximos 15 años y promover la industrialización del cobre para abastecer a las industrias de alta tecnología, cuya demanda global crece día a día.
Chile es el mayor productor mundial de cobre, con alrededor del 25% del suministro global. De hecho, en 2025 alcanzó 5,4 millones de toneladas producidas. Por su parte, Perú alcanzó 2,8 millones de toneladas de cobre el año pasado. En paralelo, la Argentina no ha registrado, aún, producción de cobre. No obstante, el país ya se encuentra impulsando ocho iniciativas, que en conjunto podrían superar el millón de toneladas de producción en los próximos años, con una participación equivalente del 5,4%, en comparación con los niveles actuales del mercado de cobre.

Mientras Chile y Perú tienen proyectos que buscan aumentar la oferta, la Argentina recién estaría entrando al mercado de cobre en 2028 con Mara y PSJ Cobre. La producción argentina no sería suficiente para satisfacer la demanda global, que según un informe de S&P aumentaría un 50% para finales de la década, aunque sería la entrada a un un fructífero y estratégico mercado.
En este escenario, el cobre del eje andino ya es observado y seguido de cerca por las grandes potencias, quienes han impulsado acuerdos de cooperación y alianzas en la materia. Entre los países que han firmado acuerdos y consolidado alianzas con el eje andino al respecto se encuentran Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudita, Francia, Alemania, Australia, y Emiratos Árabes Unidos, entre otros.
La integración como una estrategia de negocio
Cristian Cifuentes, Líder Senior de Estudios y Contenidos de CESCO, remarcó que “la gran riqueza que existe en la Cordillera de los Andes, que une a los tres países, es razón suficiente para pensar en la integración. Tiene todas las condiciones para convertirse en la mayor plataforma minera integrada del hemisferio”. La integración, como estrategia de negocio y desarrollo, es una alternativa que predomina frente a las proyecciones de crecimiento de la demanda global de cobre y la incertidumbre del complejo minero frente a las escaladas que tienen lugar en Medio Oriente y proyectan prolongarse.
Aunque los precios del cobre se han mantenido relativamente bajos, producto de la preocupación por el aumento de los costos energéticos y las presiones inflacionarias, los fabricantes de China (principal consumidor de cobre) han triplicado sus compras del metal. En este escenario, las bolsas de metales están registrando aumentos significativos. En este contexto, para la Argentina, la integración se presenta más que relevante. Cifuentes explica que la Argentina no puede continuar expandiendo su desarrollo minero sin el conocimiento técnico, que por ejemplo, posee Chile. Perú ya es uno de los principales consumidores de los proveedores de servicios mineros chilenos.

En un escenario internacional con elevados riesgos logísticos, como bloqueos marítimos, cierres de rutas y sanciones, se reconoce un creciente atractivo e interés sobre las jurisdicciones mineras con trayectoria productiva, conocimiento técnico e infraestructura de exportación. El cobre chileno y peruano, junto al potencial argentino, refuerzan la oportunidad histórica a la que se enfrenta el eje andino, que estaría buscando proyectarse y posicionarse como un proveedor global confiable, a largo plazo.
“En el nuevo espacio geopolítico, marcado por la necesidad de minerales para la transición energética mundial, nos vemos obligados a hablar más de integración y a dejar de discutir sobre liderazgos” destacó Cifuentes. La integración se presenta, entonces, tanto como una estrategia geopolítica, como una estrategia de desarrollo de negocio.
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