La nueva estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos abre una oportunidad estratégica para la República Argentina. En los últimos días, el gobierno de Estados Unidos publicó la nueva estrategia de Seguridad Nacional –National Security Strategy 2025 (NSS 2025)–, donde América Latina se posiciona en el centro de la política internacional del hegemón.

Este documento es de trascendental relevancia, ya que en él las administraciones gubernamentales de Estados Unidos definen la estrategia de seguridad nacional, identificando las prioridades y amenazas y detallando cómo se protegerán los intereses nacionales del país. En la nueva NSS, publicada recientemente por el gobierno de Donald Trump, se optó por una estrategia centrada en la seguridad nacional, el control del hemisferio occidental, la soberanía y la reindustrialización interna. En este escenario, América Latina se presenta como una zona de influencia prioritaria y deja de ser concebida como el patio trasero y periférico de Estados Unidos.
En la NSS 2025, la Doctrina Monroe –conocida por su emblema “América para los americanos”– tiene una influencia predominante. En la nueva estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, se evidencia un claro interés del país del Norte por limitar la influencia e intervención de la potencias extra hemisféricas en los sectores estratégicos –como la minería, la energía, la tecnología y la infraestructura crítica, entre otros–, haciendo especial énfasis en China y Rusia.

En este escenario, la ambigüedad y el pragmatismo político no resultan opciones fiables, sino más bien todo lo contrario. Los Estados deberán adoptar posiciones y posturas definidas, delimitando socios y aliados de preferencia y proyectando estrategias de inserción internacional alineadas. La tercera vía no resulta una opción en este escenario geopolítico que proyecta y diseña Estados Unidos. Para suerte de la Argentina, el país del Cono Sur ya tiene bien definida su alianza estratégica, aunque esta postura podría tener severos costos.
El papel de la Argentina
En este escenario geopolítico, el papel de la Argentina, a la que se le presenta una oportunidad estratégica, resulta sustancial. A día de hoy, Argentina es uno de los grandes y confiables aliados de Estados Unidos en la región latinoamericana. Desde la llegada de Javier Milei al poder, el país se ha acercado a los Estados Unidos y ha consolidado una alianza estratégica con este, con la llegada de Donald Trump al poder estadounidense.

En este marco, la Argentina –que se encuentra estratégica y racionalmente alineada a los Estados Unidos– adoptó una clara posición y ya ha delimitado a sus socios y aliados de preferencia, pertenecientes al orden occidental y liberal (Estados Unidos, Israel, Reino Unido e Italia, entre otros). La estrategia argentina de inserción internacional, fuertemente vinculada al alineamiento estratégico, se explica mediante la explotación y el desarrollo de los principales sectores estratégicos de la economía: energía, minería, infraestructura y agro. En este contexto, Estados Unidos busca ampliar su participación e intervención en estos sectores, desplazando a China y Rusia –aunque principalmente a China, como ya ha mencionado el Embajador en Buenos Aires, Peter Lamelas, públicamente–. Sobre todo, teniendo en consideración que, durante los gobiernos kirchneristas China logró asentarse fuertemente en el territorio nacional, con una intensa participación e intervención en proyectos de estos sectores estratégicos, llegando a consolidar una cooperación bilateral.
La recomendación de los especialistas: el pragmatismo
El escenario que se crea como resultado de la NSS de Estados Unidos representa una definición estratégica para la República Argentina, quien ya definió con claridad su rumbo geopolítico, a partir del alineamiento y el plegamiento a Estados Unidos y el orden occidental. Sin embargo, de acuerdo a algunos especialistas y expertos en la materia, si la Argentina actúa con cierto pragmatismo podría transformarse en un actor con una relevancia y un protagonismo sustancial. El pragmatismo, de hecho, debería partir del reconocimiento de que, actualmente, los commodities se negocian en términos estratégicos, donde los minerales críticos, el petróleo no convencional, la infraestructura logística y la energía cobran relevancia más allá de su precio económico.
En esta línea, la producción energética y minera de la Argentina está en pleno auge. De hecho, este año ambos sectores han alcanzado récords históricos de producción y exportación. Vaca Muerta –una de las formaciones de shale más grande del mundo– es central en este proceso. En este sentido, este impulso, potenciado parcialmente por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), debe ser aprovechado por la cúpula gubernamental, quien con la disponibilidad de estos recursos estratégicos debe saber negociar y posicionarse estratégicamente en el tablero geopolítico regional e internacional.

Hoy el acceso a estos recursos se mide en términos de geopolítica y eso es algo que el país del Cono Sur debe proyectar, a través de su política exterior. La Argentina debe aprovechar esta oportunidad estratégica y posicionarse como un actor capaz de ofrecer estos recursos e insumos a las grandes potencias, que buscan garantizar cadenas de suministro seguras y eficientes, de acuerdo a varios especialistas. No en vano cada vez son más los diversos Estados y actores que se interesan en los recursos argentinos.
A su vez, no hay que olvidar que, en un contexto global de competencia geopolítica reforzada, la ubicación de la Argentina no constituye un simple dato geográfico sino que ya es un activo estratégico. Su geografía la convierte en un puente natural a la Antártida. De esta manera, construye y delimita una estratégica bicontinentalidad con proyección hacia el Atlántico Sur y la Antártida.

Las ventajas de la Argentina en la competencia
Sin embargo, este escenario descrito no configura únicamente una oportunidad estratégica para la Argentina, sino que también delimita las bases para una competencia geopolítica dentro de la región, con países como Brasil que aparecen como rivales naturales para liderar la influencia de Estados Unidos en América del Sur. Sin embargo, en este contexto, la Argentina posee ventajas competitivas singulares que la posiciona en mejores condiciones y términos que sus posibles rivales regionales. Como, por ejemplo, su potencial y capacidades mineras –en auge este 2025–, su posición geográfica, su litoral marítimo, su energía y sus sectores diversificados exportables.
No obstante, como se precisaba anteriormente, muchos analistas consideran que para aprovechar y explotar estas ventajas comparativas, se necesita pragmatismo político con una estrategia de política exterior racional y objetiva, que no esté atada a intereses ajenos ni a una ideología predominante, y una diplomacia económica, con un enfoque comercial orientado a consolidar alianzas estratégicas de largo y mediano plazo.
En el marco de un claro alineamiento con Estados Unidos, la Argentina puede sumar peso geopolítico y reinsertarse internacionalmente en el tablero geopolítico, tras décadas de aislamiento. No obstante, las advertencias de la mayoría de los expertos y analistas se vinculan a los costos que el alineamiento tiene, precisamente, para un país de la periferia, como es la República Argentina. Carlos Escudé –politólogo e ideólogo del realismo periférico, la estrategia de política exterior aplicada durante el menemismo– explicaba que el alineamiento a una potencia central es la mejor estrategia de política exterior para un Estado periférico, siempre y cuando este no tenga altos costos.

Este punto, es precisamente el que es remarcado, en este caso, por los especialistas, producto de los compromisos y responsabilidades que asume la Argentina al alinearse a Estados Unidos y lo que ello implica en la arena internacional. En este escenario, la estrategia impulsada por el gobierno de Javier Milei debe evaluar los costos y ventajas de su alineamiento estratégico a Estados Unidos, en un escenario geopolítico que parece volver a dividirse en bloques y donde el pragmatismo político se presenta, cada vez menos, como una tercera alternativa.
Con la presentación de la nueva estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, la Argentina tiene una oportunidad estratégica –aunque así también una competencia regional–, cuyo éxito dependerá de la evaluación y ejecución geopolítica que realice la cúpula gubernamental, de cara a los próximos años, y que con el paso del tiempo será conveniente evaluar si este queda atado a los gobiernos de turno o no. Mientras tanto, el país mantiene, con firmeza, su alineamiento a Estados Unidos y el orden occidental, y busca posicionarse como ese activo estratégico clave del Cono Sur, que aparece como una zona de influencia prioritaria en la nueva NSS.
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