El Mercosur es una pieza central de la integración sudamericana. A más de tres décadas de su creación, en 1991, tiene una importancia estratégica para los países que lo conforman, con influencia en el comercio exterior, la política regional y la inserción internacional. Sin embargo, resulta interesante preguntarse y analizar ¿qué peso tiene hoy el bloque y qué importancia tiene, específicamente, para la Argentina en términos estratégicos?
Aunque suele ser cuestionado y criticado por sus conflictos internos y así también por sus limitaciones normativas, el bloque del Mercosur –compuesto por Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia– continúa ocupando un papel clave en la inserción internacional y la integración regional de Sudamérica, en términos estratégicos. En este sentido, el Mercosur se ubica en el centro del debate y su peso es más amplio del que muchos consideran. De hecho, esta semana tuvo lugar la 68.ª reunión ordinaria de la Cumbre del MERCOSUR en Paraguay, la cual se desarrolló, sin embargo, bajo un clima de fuertes tensiones políticas, según reveló Escenario Mundial.

El comercio, la diplomacia, la política regional, la integración y la inserción son caras y ejes de esta moneda que no pasan desapercibidos. El comercio es, sin lugar a dudas, su eje trascendental y principal, y marca su agenda de trabajo, compartida por los 5 Estados miembros que lo conforman. Hoy en día, bajo el gobierno de Javier Milei, la Argentina ha marcado cierta distancia del bloque regional, relegando la integración regional y apostando por alianzas internacionales del orden occidental, especialmente, por Estados Unidos e Israel, bajo una estrategia de alineamiento y plegamiento estratégico.
Sin embargo, el Mercosur sigue teniendo una significativa importancia para la Argentina en términos estratégicos. Esa importancia se estructura, principalmente, en tres ejes: el comercial, el diplomático y el político. En primer lugar, el Mercosur aporta un mercado ampliado para las exportaciones argentinas en Sudamérica, con beneficios y ventajas estratégicas que otorga la propia integración subregional. En este sentido, Argentina se integra productiva y comercialmente con sus países vecinos, miembros del Mercosur, y exporta bienes industriales. En este escenario, Brasil se posiciona como el principal socio comercial de la región para Argentina. Sin embargo, a día de hoy, producto de las marcadas diferencias y oposiciones ideológico-políticas, Argentina y Brasil enfrentan una etapa de distanciamiento y enfriamiento institucional.
En segundo lugar, el Mercosur funciona como una herramienta de negociación internacional de suma relevancia, en términos diplomáticos, para la Argentina. Permite la realización de negociaciones conjuntas, en materia comercial, como se evidencia, por ejemplo, en el histórico acuerdo con la Unión Europea (UE), que tras años de debate y discusión parece haber alcanzado un significativo avance este año. Las negociaciones en conjunto, que se producen como resultado de la construcción de bloques de integración, aportan un mayor peso a la hora de negociar con otros bloques o incluso con otros Estados Nacionales, de mayor o menor peso geopolítico dentro del tablero internacional, dependiendo el caso. De allí, su relevancia como herramienta diplomática de negociación internacional.
De hecho, en el marco de la reciente Cumbre que tuvo lugar esta semana en Paraguay, se anunció el lanzamiento formal de las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con Japón, como así también el inicio formal de conversaciones comerciales con Vietnam. En tercer lugar, el Mercosur se presenta como un espacio de coordinación política regional, clave para la Argentina, donde se determinan y configuran las relaciones regionales estratégicas, y las diversas áreas de cooperación e integración, en búsqueda de mayores beneficios, en términos comerciales y económicos. A su vez, se presenta como una herramienta de estabilidad institucional para la región. Pese a ello, el bloque es cuestionado por las barreras comerciales internas, la lentitud burocrática para cerrar acuerdos comerciales, y las propias diferencias internas que surgen entre las diferentes administraciones por cuestiones político-ideológicas. Además, se alega la necesidad de una modernización acorde a las exigencias del escenario global, a través de una mayor apertura comercial, con simplificación de sus aranceles y convergencia regulatoria.
No obstante, pese a las críticas que ha acumulado durante años, el Mercosur continúa siendo estratégico e importante para la República Argentina y posee un relevante peso en el tablero regional. De hecho, sigue siendo uno de los principales instrumentos y herramientas de inserción y negociación internacional del país, con beneficios directos para la economía y el desarrollo local. El debate actual, sin embargo, no pasa por la existencia del bloque en sí mismo sino más bien por su capacidad para adaptarse a un escenario internacional cada vez más competitivo y complejo, y continuar siendo, frente a dicho contexto, estratégico para sus Estados miembros, contribuyendo al crecimiento económico, al desarrollo y la proyección internacional de los países, de cara a las próximas décadas.
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